Decir “estoy cansado de la medicina” suele generar culpa inmediata. Muchos médicos piensan que, si alguna vez se sienten así, algo está mal con ellos, que es falta de vocación, debilidad o ingratitud por haber llegado hasta el lugar en donde están. Pero la realidad es diferente, los turnos agotadores, la presión diario, la frustración que se siente frente a pacientes difíciles, son situaciones que en un punto dado pasan factura. Por esto, estas emociones no deben ignorarse por la culpa que generan, todo lo contrario, es importantísimo, prestarles la atención que requieren.
No todo cansancio es igual
En medicina, el cansancio se normaliza. Dormir poco, trabajar de más y sostener alta responsabilidad emocional se vuelve parte del día a día, por eso es importante diferenciar entre tres escenarios frecuentes:
1. Cansancio físico y mental acumulado
Es el más común y, en teoría, el más reversible. Suele aparecer tras turnos prolongados, semanas sin descanso real, sobrecarga administrativa, falta de vacaciones o pausas. En este tipo de cansancio no suele haber un rechazo profundo por la profesión, sino que hay agotamiento; aún está presente el interés y la motivación por lo que se hace. Este mejora cuando hay descanso así sea por periodos cortos de tiempo.
2. Crisis profesional o vocacional temporal
Este cansancio va más allá del sueño y aparece como una pérdida de sentido. Puede manifestarse como: desmotivación persistente, cuestionamiento del camino elegido, sensación de estancamiento, pensamientos recurrentes de “esto no era lo que imaginaba”.
Suele surgir en momentos de transición, por ejemplo, después de varios intentos fallidos en exámenes o ascensos, al comparar la propia carrera con la de otros, cuando el esfuerzo no se traduce en bienestar. Si aparece este tipo de cansancio, es importante que sepas, que no es que hayas decidido mal, sino que necesitas reevaluar cómo y desde dónde estás ejerciendo.
3. Señal de alarma en salud mental
Aquí el cansancio ya no es solo laboral. Es un malestar profundo y sostenido. Algunas señales de alerta son: apatía marcada o sensación de vacío, irritabilidad constante o desconexión emocional, dificultad para disfrutar lo que antes importaba, pensamientos de abandono total de la profesión o de escape, síntomas físicos sin causa clara, ideas de inutilidad o desesperanza. En este punto, no basta con vacaciones ni con “aguantar un poco más”. Es necesario pedir ayuda profesional.
El error más común: minimizar lo que sientes
Muchos médicos retrasan el cuidado de su salud mental porque piensan que, “otros están peor”, “esto es parte de la carrera”, “cuando pase X etapa se me quitará”, entre otras cosas. Pero el cuerpo y la mente no funcionan con promesas futuras. Si el malestar es constante, ignorarlo solo lo cronifica. Escuchar el cansancio es prevenir que se convierta en algo más grave.
Preguntas clave para entender tu cansancio
Tómate un momento para responderlas con honestidad:
¿Este cansancio mejora cuando descanso?
¿Me siento agotado o vacío?
¿El problema es el trabajo específico que hago o la medicina en general?
¿Desde cuándo me siento así?
¿He perdido interés por áreas importantes de mi vida?
¿Estoy pidiendo ayuda o solo resistiendo?
Las respuestas no buscan juzgarte, sino orientarte para que tomes mejores decisiones respecto a lo que sientes.
Qué puedes hacer según tu situación
Si parece cansancio acumulado:
Prioriza descanso real (no solo dormir, también desconectar).
Revisa cargas laborales innecesarias.
Establece límites claros con el trabajo.
Evalúa cambios en horarios, sedes o modalidades.
Si es una crisis profesional:
Permítete cuestionar sin culpa.
Habla con colegas fuera de la comparación tóxica.
Explora ajustes: roles distintos, áreas nuevas, formación alternativa.
Reconecta con lo que sí te importa de la medicina.
Si hay señales de alarma:
Busca apoyo psicológico o psiquiátrico.
No esperes a “tocar fondo”.
Hablar no te hace débil; te hace responsable contigo y con tus pacientes.
Involucra a alguien de confianza.
Estar cansado de la medicina no significa que haya algo mal en ti, sino que quiere decir que eres un ser humano, expuesto a un sistema exigente y, muchas veces, poco cuidadoso con quienes lo sostienen. Puedes marcar la diferencia con las decisiones que tomes cuando empieces a detectar las señales de agotamiento o de pérdida de sentido.

