El ejercicio de la medicina exige entrega, disciplina y vocación. Sin embargo, detrás de las largas jornadas, la presión asistencial y la carga emocional que implica atender a los pacientes, se esconde un riesgo silencioso: el agotamiento físico y emocional, también conocido como burnout. Reconocer sus señales tempranas no solo es clave para preservar la salud del médico, sino también para garantizar la calidad de la atención.

¿Qué es el agotamiento físico y emocional?

Se trata de un estado de desgaste progresivo que afecta tanto al cuerpo como a la mente. Suele aparecer de forma gradual y, si no se identifica a tiempo, puede llevar a problemas de salud más serios como ansiedad, depresión o enfermedades cardiovasculares. 

Si sabes que estás en riesgo de padecerlo, es importante que identifiques las señales físicas y emocionales que pueden avisarte que estás en camino hacia el burnout.

Señales físicas a tener en cuenta

Estas son las señales físicas que se pueden presentar, si te identificas con alguna de ellas, es el primer signo de alerta.

  • Fatiga constante, incluso después de dormir.
  • Dolores de cabeza o musculares frecuentes.
  • Trastornos digestivos sin causa aparente.
  • Alteraciones del sueño (insomnio o exceso de sueño).
  • Mayor propensión a enfermarse (baja inmunidad).

Señales emocionales y cognitivas

Estas son las señales emocionales que te avisan si, como profesional de la salud, estás al borde del burnout.

  • Irritabilidad o cambios bruscos de ánimo.
  • Sensación de apatía o pérdida de interés en el trabajo.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones clínicas.
  • Sentimientos de frustración o cinismo frente a los pacientes.
  • Desconexión emocional: atender “en automático”.

Herramientas prácticas para identificarlo a tiempo

  1. Autoevaluación semanal

La recuperación del burnout puede ser larga, difícil de manejar, por eso, es importante que semanalmente destines 5 minutos a realizar una autoevaluación en la que te preguntes:

  • ¿Me siento descansado al iniciar el día?
  • ¿Estoy disfrutando mi trabajo o solo sobrevivo?
  • ¿He notado cambios en mi paciencia con los pacientes o colegas?
  1. Registro de energía

Lleva un calendario donde califiques cada día tu nivel de energía de 1 a 10, al inicio y final del turno. Los descensos constantes son señales de alerta.

  1. Feedback cercano

Escucha lo que te dicen tus colegas, familiares o amigos. Muchas veces ellos detectan tu agotamiento antes que tú.

4. Llevar un diario y releerlo

Lleva un diario en el que escribas los sucesos que te marcaron durante el día, cómo te sentiste durante el turno y cuáles fueron tus pensamientos recurrentes. Después de varios días, o semanas, reléelo e identifica si la constante es el agotamiento, el sinsentido, el piloto automático en el trabajo. En caso de que sea así, es momento de que revises cómo estás descansando, qué estás haciendo en tus días libres, y sobre todo, cómo estás desarrollando tu trabajo.

El agotamiento físico y emocional no aparece de un día para otro: se va gestando en pequeñas señales que a menudo los médicos normalizan. Reconocerlas a tiempo es un acto de autocuidado y de responsabilidad profesional. Cuidar de tu salud mental y física es una necesidad para seguir cuidando a los demás con calidad y humanidad. Para ser un mejor profesional en medicina, debes empezar por estar en el mejor estado posible para brindar lo mejor de ti.